Il mio primo Mozart. Anteprima del Don Giovanni alla Scala

E’ la frase tratta dal “librettese” più adatta al 7 dicembre.

I riti però devono avere una sostanza e sulla sostanza ci siamo interrogati.

Anzi si sono interrogati gli under trenta, che hanno assistito alla “primina”. Siccome il teatro avrebbe dovuto essere popolato solo da loro ed, invece, vi erano i soliti “presidiatori stanziali” il Corriere trova giusto che siamo i veri reali destinatari della primina (coloro che hanno fatto la coda alla biglietteria, pugnato via internet per il biglietto) a commentare e recensire. Sono loro e solo loro il futuro del teatro di qua e di là dal palcoscenico.

A loro la parola anzi le parole, perchè loro sono anche poliglotti, oltre che molto più esperti e raffinati di noi over trenta e testimoniano che nonostante i quotidiani assalti dei media, degli uffici stampa e dei radioosanna mediatici ci sentono. Eccome.

En estos duros tiempos italianos el Teatro alla Scala parece no mostrar fracturas económicas, al contrario: se olvida de la crisis presentando al joven público milanés un espectáculo caro pero muy pobre artísticamente.

Caro por la presencia de grandes estrellas del mundo actual de la ópera y del teatro: Anna Netrebko, Barbara Frittoli, Bryn Terfel y el director de escena Robert Carsen que, como fácilmente podrán imaginar, no hacen descuentos al vender el proprio ejercicio artístico ya de por sí sumamente oneroso.

Pobre artísticamente por la baja, escasa e insignificante prestación artística de muchos de los protagonistas de esta noche under30 en la Scala. El primero de ellos, Barenboim, dió muestra de sus peores habilidades como director de orquesta: sonido metálico cuando tenía que ser “piano”, agresivo y ruidoso en los “forte”. A esto se añade una falta de redondez, de profundidad, de refinamiento orquestral. Pero sobre todo, una evidente y preocupante incapacidad de dirigir a la orquesta y a los cantantes al mismo tiempo: escasos fueron los momentos en la ópera en donde había unidad metronómica entre las dos partes. Por supuesto no hubo tampoco unidad de intenciones interpretativas compartida por las partes: pero ya es mucho pedir a quien, aun teniendo capacidades tristemente desaprovechadas, parece haber hecho de la superficialidad el pilar de su ejecución.

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Coprotagonista de Barenboim fue el director de escena Robert Carsen cuyo trabajo careció de originalidad, de fantasía, de movimiento y, sobre todo, de lógica y coherencia con la música de Mozart y con el texto de Da Ponte: fotos del telón y de la sala del Teatro alla Scala, pegadas en paneles de dimensión real diferentemente dispuestos en la escena, fueron la única presencia escenográfica en toda la ópera junto a pocos momentos en los que el palco aparecía completamente vacío con maquinarios, cables y aparatos técnicos en plena vista. Fue todo para el más importante estreno de la ópera internacional: un banal reflejo del máximo Teatro milanés en las aventuras de Don Juan, con el clásico rojo de la Scala como color dominante, casi invadente.

Qué decir sobre los cantantes? Mucho nombre, mucha fama. Poca calidad. Anna Netrebko resultó ser una de la más interesante del cast: voz grande, sonora, pero muy vulgar y constantemente desafinada incluso en los momentos más sencillos de la partitura. Barbara Frittoli, Donna Elvira, sigue siendo una mediocre intérprete mozartiana: voz engolada, sin fraseo, sin proyección, dura en todos los registros. Terfel, en un papel bien conocido por él, fue un Leporello bueno como actor, ágil en la escena. Lástima por su voz: abierta, sin apoyo, con una emisión totalmente destapada y rota. Muy mal el Don Ottavio de Filianoti, ejemplo evidente del mal canto. Sin lugar a duda el Don Giovanni de Mattei fue la prestación más interesante: aun con serios límites en la voz (falta de sostén del aliento, de fraseo y con el registro agudo totalmente descubierto), buscó una interpretación para su personaje, un color para su voz y una cobertura de sonido en el registro medio. Pero no siempre los encontró.

Resulta, como siempre, triste apuntar en nuestro cuaderno de recuerdos líricos otro infeliz capítulo del Teatro milanés. Capítulo abundantemente aplaudido por un público joven encantando, emocionado -lo cual no deja de dar mucho gusto-, más por estar escuchando en un gran Teatro su primer Mozart que por estar viendo un espectáculo de inapreciable calidad.
Manuel García

A star-studded “Don Giovanni” is going to open the new season at La Scala. Alas, the skies were somewhat cloudy on the dress rehearsal held on Sunday afternoon for a young public. Young and innocent indeed, though many members of the audience looked like they could have seen Leontyne Price or Joan Sutherland as donna Anna on the very same stage… but for most people, that “primina” was really “their first Mozart”, as in the well-known Ricordi series of sheet music

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